domingo 30 de mayo de 2010

Noche de cine

Voy a hacer como si nunca hubiera dejado de escribir, para contarles lo que me pasó hoy.


El otro día iba escuchando en la radio del auto un ranking de los lugares que, en opinión de la audiencia, serían los peores para pasar un terremoto. Obviamente, tenía que salir la sala de cine: oscura, llena de personas y repleta de obstáculos, no parece ser el lugar más tranquilizador del mundo para vivir una experiencia en la que el instinto primigenio llama a apretar cachete, y en la que el primero en llegar a la puerta gana. Hoy, me pasó.


Bueno, casi. En primer lugar, no fue un terremoto, fue sólo un temblorcito -probable réplica del sismo del 27 de febrero-; además, la sala no estaba llena, estaba vacía: invité a mis papás a ver Esmeralda 1879, pero como la película no era Ojos Rojos, estábamos sólo nosotros tres. El patriotismo chileno tiene forma de pelota, qué le vamos a hacer. Por último, sentir cómo se te mueve el piso entre cañonazo y cañonazo no deja de tener cierto atractivo: chúpate ésa 3D.